martes, 3 de junio de 2008

Realce

Flotábamos.

“Después de todo, somos todos inmigrantes…” Extendió su mano para ayudarnos a subir a su cayuco noctámbulo. Las corrientes eran favorables, no estaba claro hacia dónde, pero en alguna costa desembarcaríamos.

Navegábamos.
No éramos pocos en la barcaza. Tres, cuatro, cinco, seis. Pero en algún tramo sólo parecíamos ser dos. Con algo de hambre, poco sueño y muchas sonrisas. La humedad de la tormenta eterna se hacía notar, pero nadie se quejaba. Distintas ilusiones -algunas ya rotas- hacían bulto entre el equipaje sobre los curvos tablones de la nave.

Reíamos.
Por las torpezas y con el alcohol que calentaban la noche. Para qué fruncir el ceño pensando en un puerto.

Escuchábamos.
A esa sirena que decidió acompañarnos ofreciéndonos su dulce voz.

Soñábamos.
Si por momentos sólo eramos dos, por qué esquivar el letargo.

Naufragábamos.
Entre caricias y miradas.

Despertaba.
Una ducha me recuerda que ya es lunes. Bajo en el ascensor, avanzo por el pasillo y me asomo a la calle. En la acera, un remolino de viento hace danzar a un hermoso lienzo negro con pintillas blancas y garabatos rojos. (Creo ver) una barca en el portal.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Evidentemente tenés un problema con los domingos y los lunes. No quiero indagar mucho ya que me asusta un poco el mundo que puede haber detrás de todos esto ... sic sic por lo menos así lo ve Sigmund Llousas.

Mas allá del análisis, que quedará para la próxima sesión, me encantaría poder transmitir las cosas, pensamientos, sentimientos o aunque mas no sea una idea como lo hacés vos, trasladando de la letra al cerebro del lector ya no las frías palabras sino una imagen acabada, completa que no es solo lo escrito sino la escencia de lo que originó ese escrito.

Un abrazo,

Marcelo.

Anónimo dijo...

que no debería haberlo, extrapolado, hastiante. Miro mis cosas y solo veo que estan vacías de contenidos, de historias; solo me cuentan relatos de cuestiones materiales, les falta el alma. Y en esta vacuidad es donde me encuentro tan cerca de mi propio yo.
Se quema el tiempo en mi cenicero, en el gris azulado del humo se dibujan mis memorias formando volutas que se transforman en imagenes de un pasado que, pensandolo bien, tal vez haya sido peor. Y asi me transformo fluyendo en el rio de este tiempo que me modela hacia nuevas maneras de ser.
Ya no soy el mismo, ya no somos los mismos. El irremediable reloj provoca raras metamorfosis en las personas, nos cambia... o tal vez nosotros cambiemos, voluntaria y a la vez inexorablemente.
Hoy es un lunes gris ... que alegria!
Anonimus.

jll dijo...

Anonimus... muchas gracias!
...
Marce, yo puedo jugar con las palabras, pero el único que transmite algún sentimiento real en este blog sos vos: y se llama amistad chaval, amistad. abrazo grande

Anónimo dijo...

Me gusta mucho, tienes un nivel...

jll dijo...

gracias, deberías verme jugar al billar ;)