martes, 25 de marzo de 2008

Looponia


Me contento con pequeños gestos: la sonrisa de esa chica que me invita a fumar, las charlas con algún amigo, la carita de mi sobrina, un buen culo en el metro.

Pienso esto en el vagón cafetería del tren que abordé hoy: Helsinki-Rovaniemi. Miro a través de los amplios ventanales, observo a los otros pasajeros… Esta parte del viaje es mi favorita: aún hay luz natural. El momento más difícil llega cuando oscurece y las luces del vagón transforman a los ventanales en espejos que reflejan el interior del tren. Entonces desaparecen las casitas, los árboles del exterior y aparece mi rostro, mi fría expresión. No puedo sostener mi propia mirada, apuro la cerveza, me levanto y me voy a mi compartimiento. Sé que me costará conciliar el sueño. No importa, mañana amaneceré en Laponia.

Fue la incertidumbre la que me empujó a abordar ese tren. Envuelto en tanto gris, parecía lógico coger un coche-cama en el expreso Helsinki-Rovaniemi. El viaje duraría trece horas. Escapar al norte, llegar a Laponia y pisar el Círculo Polar Ártico eran una buena alternativa. No me engañaba creyendo que dejaría atrás mis inconsistencias. Al contrario, todo este viaje buscaba eso. Despojarme de la rutina y encontrarme cara a cara con mis sentimientos.

Compartimiento número 315 del vagón 62. Dejo allí mi mochila sobre la litera y me dirijo al vagón-cafetería. Una cerveza, un sándwich y a mirar cómo me alejo de Helsinki a través de la ventana. Paisajes bucólicos, los colores del otoño en las hojas de los árboles. Finlandeses apurando las últimas caminatas antes del frío invierno, un lago aquí y otro allí. La torre del estadio olímpico a lo lejos. Comienza a oscurecer. Afuera, las escenas se repiten: algunas casas, coches, grandes depósitos y fábricas.

Mientras dura la luz natural, el movimiento del tren me apacigua y me relaja en complicidad con la cerveza. El momento más difícil llega cuando oscurece y las luces del vagón transforman a los ventanales en espejos que reflejan el interior del tren. Enntonces desaparecen las casitas, los árboles del exterior y aparece mi rostro, mi fría expresión. No puedo sostener mi propia mirada, apuro la cerveza, me levanto y me voy a mi compartimiento. Sé que me costará conciliar el sueño. No importa, mañana amaneceré en Laponia.

(Para mi amigo Marce, un crack)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por un poco de creatividad!!!
Esa persona que por fuera aparenta ser correcta y que podría encasillarse dentro de los parámetros de una persona corriente tiene un mundo y vida interior gigante que se descubre gracias a su escritura. Igualmente, cuando uno conoce a alguien todo eso lo vé y lo sabe aunque no medie palabra alguna.
Un abrazo grande (seguimos estando acá)

Anónimo dijo...

Perdón, el comentario anterior es mío (Marcelo).